26 may. 2010

Las afueras de Sevilla

Cortijo de Gambogaz (Sevilla) - Acuarela - 20,5 x 26,5 cm.


Cruce de carreteras, ahora bajo un paso a nivel, por aquí, por allá, complicado, no encuentro señales, estoy desorientado, todo está en obras en lo que fueron terrenos de eventos ya olvidados. Después de muchas vueltas reencuentro la ruta y a lo lejos distingo la silueta de un cortijo. Ya hacen más de treinta años que dejé de fumar, sin esfuerzo, era un tema de ansiedad, cuando me entraban las ganas procedía a hacer varios movimientos de respiración de forma pausada y seguía haciendo mi trabajo con la cajetilla en el bolsillo. No me costó nada dejarlo. Con la pintura me pasa lo mismo y hay momentos en los que como sea tengo que pintar, y paré. El sol apenas dibujaba las sombras sobre el edificio blanco andaluz. Anduve tranquilo contemporizando pues el color tardaba en fijarse. No era un tema significativo pero paré y pinté como si se tratara de la última acuarela que iba a pintar. Mientras, alguien hacía ejercicios de equitación en un elemental picadero sobre un bello caballo andaluz, cada uno a la suyo. Al terminar recogí los bártulos y seguí caminando hasta darme cuenta que me había dejado el bordón apoyado en una alambrada. Primer día y primer olvido, tenía que volver los pasos y más teniendo en cuenta que la herramienta me la había conseguido mi hermano, un buen palo de avellano que me serviría de apoyo en las duras cuestas, para el paso de meandros o para, muy importante, disuadir, en el peor de los casos, a los mastines a quienes tanto miedo tengo.

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