26 may. 2010

Guillena (Sevilla)

Pantano de Guillena - Acuarela - 8 Abril 2010 - 20,5 x 26,5 cm.



Habían acabado los fastos de Itálica y los caminos del norte se veían concurridos de hombres y mujeres foráneos que se conducían hacia Emerita Augusta en la Vía de la Plata. Había muchos días por delante y no era cuestión de perder fuerzas que habrían de precisarse más adelante. Avistamos la población de Guillena en la que se accede por la calle de nombre vascón "Portugalete" y en la que el olor a azahar compite con el de los cirios consumidos en las celebraciones de la Semana Santa y Pascua de la tradición cristiana. Ante la concurrencia de caminantes forasteros, entre los que predominaban germanos y francos, las autoridades locales habían decidido dar cobijo, a los que lo precisaran, en los vestuarios de los campos dedicados a la práctica de deportes y a los que nos dirigimos a pasar la noche sobre unas precarias colchonetas. Aquí conocí a dos compañeros de aventura con los que se fue fraguando la amistad: "Txaro", de Elche, con ampollas en los pies que no pudo superar y le llevaron al abandono, e Ismael de Benicasim, el último en quitarse las legañas y con el que caminé y conversé con frecuencia hasta el Arco de Cáparra donde él siguió adelante y yo me quedé a pintar y hacer noche. Llegó a Santiago un par de días antes que yo.
Quedaban varias horas de luz y decidí dar una vuelta por los alrededores y pintar algo si procedía. Topé, no muy lejos, con el pantano del que ayer comentábamos que surte de agua Sevilla, sentado sobre la hierba y sin necesidad de montar el caballete me dispuse a, relajado, pintar y descansar. A la noche me martirizó el goteo constante de una ducha que perdía agua.

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